A uno de cada tres andaluces le afecta negativamente el cambio de horario

  • Al 33% de los andaluces le afecta negativamente el cambio al horario de verano, por el que los relojes deberán adelantarse una hora, de dos a tres de la madrugada, este domingo

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Según un estudio de Philips sobre la influencia de dicho cambio horario, el 74 por ciento de los ciudadanos de la región considera que la medida es útil para ahorrar energía.

Casi el 40 por ciento de los encuestados andaluces afirma que tiene dificultad para despertarse por las mañanas. Entre las consecuencias negativas que se manifiestan también están las alteraciones del sueño y el cansancio a lo largo del día.

En términos generales, un 31 por ciento de los españoles confiesa que el cambio al horario de verano les afecta negativamente, de hecho, 4 de cada 10 afirma que les cuesta más despertarse por las mañanas. Otras de las consecuencias negativas que afirman sufrir son alteraciones del sueño (29 por ciento) y cansancio (26 por ciento). Además, las mujeres y los entrevistados de mayor edad experimentan más dificultad para despertarse por las mañanas.

El estudio, elaborado por la empresa Ad Hoc para Philips, apunta que el cambio al horario de verano parece más notorio que el de invierno puesto que en general afecta más a la población, ya sea positiva o negativamente. Aunque sólo un 14 por ciento declara que los cambios horarios les resultan muy molestos y que los suprimirían. La mayoría de los encuestados, --un 66 por ciento-- considera que adaptar los relojes a las horas de luz es una medida efectiva para el ahorro energético y sólo los de más avanzada edad dudan de la eficacia de esta medida alegando que "lo que se ahorra por un lado, se pierde por otro".

Para el Doctor Estivill, director de la Clínica del Sueño Estivill del Instituto Universitario Dexeus de Barcelona, "el cambio de hora puede variar el reloj biológico, que está preparado para dormir de noche y estar despierto de día, y puede producir alteraciones de los estados de ánimo y del humor".

La normativa de la Unión Europea establece que cada año, el último domingo de marzo a las dos de la madrugada, los relojes deben adelantarse una hora para que sean las tres y aprovechar así la luz solar consiguiendo de esta forma consumir menos electricidad.

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