Padres que acogen a niños de Kosovo denuncian un bloqueo

  • El Gobierno español no reconoce la independencia de la ex provincia serbia

La Asociación de Niños de Kosovo en Huelva está pidiendo ayuda a gritos, sumándose a las protestas de los padres acogedores de Cádiz. No saben cómo desbloquear la situación en la que se han visto inmersos los chicos a los que venían acogiendo desde hace años, algunos incluso desde 1999, que no pueden salir de la república independiente de Kosovo y regresar a España.

La historia comenzó con la iniciativa Caravana por la Paz, que cada verano emprendía un programa de vacaciones solidarias que alejaba a los niños de los Balcanes de la guerra. La presidenta de la Asociación de Niños de Kosovo en Huelva, María del Carmen Colás, recordó aquellos "días duros para los niños, que venían de familias desestructuradas, y para nosotros, que tuvimos que hacer que se adaptasen". Durante los últimos cuatro cursos escolares, dos niñas en Huelva y cinco en Cádiz han acudido cada día al colegio o al instituto, han aprendido a hablar español y a llevar una vida digna. Y nunca "han dejado de mantener el contacto con sus padres, a los que les hemos seguido mandando ayuda de todo tipo".

Este año empezaron los problemas. Kosovo proclamó su independencia de Serbia de forma unilateral el 17 de febrero de 2008 con el apoyo de Estados Unidos y parte de la Unión Europea, instaurando la República de Kosovo.

Serbia, Rusia, España y otros países no aceptaron este hecho ni reconocen a la República de Kosovo como Estado soberano. A día de hoy, la situación no ha variado. Esto ha motivado que "después de llevar varios meses arreglando la documentación de los niños para que regresaran este curso a Huelva y Cádiz", explicó Colás, el visado único que les exige la embajada española para que puedan volver sea el serbio. "Son niños inocentes, no pueden ir a Serbia a pedir el pasaporte, sólo tienen el de Kosovo".

La asociación ha peleado duramente durante más de un año para desbloquear la coyuntura. Los padres de acogida ya habían comprado los libros y los uniformes y habían pagado la matrícula para que los chicos estudiaran aquí este curso. Pero "parece que no tenemos nada que hacer", lamentan.

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