El PSOE se encomienda a Chaves para frenar el "desgaste" electoral del 9-M

  • El reparto de responsabilidades en el Gobierno, el Parlamento y el partido queda supeditado a la decisión del presidente · La sucesión del líder se convierte en asunto tabú entre los dirigentes socialistas

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La noche del 9 de marzo había satisfacción en la sede electoral socialista, sita en un hotel sevillano, tras revalidar la mayoría absoluta en Andalucía y la victoria en las generales, pero ni mucho menos se manifestó la alegría desbordante de cuatro años atrás. El objetivo se había conseguido, sí, pero por la mínima porque se habían perdido más de cien mil votos y porque el PP había pasado de 37 a 47 escaños gracias al respaldo de 300.000 nuevos electores.

El análisis previo a los comicios realizado por los socialistas indicaba que la mayoría absoluta estaba garantizada con una participación superior al 70 por ciento, pero lo cierto es que pasaron apuros para lograrla pese a que esa cifra se rebasó en algo más de tres puntos. Lo que pocos dicen pero muchos piensan en el PSOE andaluz es que el proceso de "desgaste" del partido en estas elecciones ha sido mayor del que esperaban y que con unos comicios andaluces por separado, sin el factor arrastre de las generales y de Rodríguez Zapatero, el PSOE no habría podido alcanzar la mayoría absoluta.

El pasado jueves, los socialistas quisieron levantar el ánimo de la tropa con un acto de celebración de los resultados del 9-M en Sevilla, pero la intervención de Alfonso Guerra -número uno al Congreso- les aguó la fiesta. "El PP", dijo, "ha avanzado más de lo que nos gustaría en Castilla-La Mancha y en Andalucía". Chaves intercambió con él un saludo a medias camino del atril y en su intervención subrayó con el puño cerrado que el PSOE andaluz ha cumplido sus objetivos. ¿Autocrítica? Mejor en otra ocasión.

Lo cierto es que todos aguardan en el PSOE a que el presidente de la Junta deshoje la margarita sobre el rumbo del partido tras tomarse unos días de descanso esta Semana Santa. El reparto de responsabilidades en el Parlamento, el Gobierno y en el partido depende de su voluntad. La prudencia obliga a guardar silencio, por eso nadie habla, aunque todos lo piensan, que Manuel Chaves debe empezar a pensar en su relevo como candidato a la Presidencia de la Junta antes de que sea demasiado tarde. La experiencia de Felipe González, derrotado por Aznar en 1996 tras 14 años en el poder, pesa demasiado entre los socialistas como para poder olvidarla. Y Chaves, cuando termine la VIII Legislatura en 2012, habrá sumado 22 años como jefe del Ejecutivo autonómico. Y habrá cumplido 66 años de edad. ¿Serían posibles cuatro años más? Difícilmente, salvo que con 70 años quiera igualar la marca de Manuel Fraga en Galicia.

Varios responsables socialistas consultados coinciden en afirmar que el primer paso de los nuevos tiempos en el PSOE andaluz se visualizará cuando el próximo 3 de abril tenga lugar la sesión constitutiva del Parlamento andaluz. Los nombramientos del titular de la Presidencia de la Cámara y de la portavocía del Grupo Socialista darán una señal de por dónde y hacia dónde se encamina el partido.

En los últimos cuatro años, la Presidencia del Legislativo ha sido desempeñada por María del Mar Moreno, a quien Chaves hizo en 2000 número dos del partido con la creación de un nuevo cargo, la vicesecretaría general del PSOE andaluz, que con el nombramiento de Moreno en el Parlamento desapareció del organigrama socialista. Por experiencia y edad, 46 años, Moreno está llamada a seguir desempeñando responsabilidades de peso en este nuevo periodo, pero es una incógnita qué tarea le será asignada.

En plena campaña electoral, el propio Chaves alimentó, aun sin pretenderlo, el debate sobre su relevo como máximo responsable del Gobierno en Andalucía al mostrar sus preferencias por que ese puesto recaiga en una mujer. Aunque el presidente/candidato quiso al día siguiente puntualizar que el debate sucesorio no estaba abierto en el PSOE, todas las miradas, como ocho años atrás, se habían depositado ya sobre Moreno.

Cuestión aparte es la portavocía del Grupo Socialista, un escaparate de alto nivel cuyo titular deberá medirse durante los cuatro años que siguen, frente a frente, al líder del PP-A, Javier Arenas. ¿Un anticipo de lo que pueda pasar en unas elecciones? Quizá, pero el desgaste en ese puesto también puede ser importante teniendo en cuenta que la labor del portavoz consiste, fundamentalmente, en defender la actuación del Gobierno sin poder apuntarse tantos propios.

Quienes conocen a Chaves dicen que éste no abre un capítulo sin previamente haber cerrado otro. Sólo una vez constituido el Parlamento y superada la investidura como presidente dará el segundo paso indicativo de sus intenciones: la formación de su nuevo Gobierno. Las quinielas están abiertas, pero el presidente de la Junta ha dado a estas alturas muestras suficientes de que el nombramiento de sus consejeros es una responsabilidad que ejerce personalmente sin delegar en nadie. Dos criterios son fijos: la paridad, que estableció voluntariamente en 2000 y a la que está obligado ahora por una ley específica, y el equilibrio territorial, de tal forma que las ocho provincias siempre cuentan con, al menos, un consejero en el Gobierno.

Entre los nombres previsiblemente fijos están dos veteranos, el consejero en funciones de la Presidencia, Gaspar Zarrías, y el de Economía y Hacienda, José Griñán, aunque ninguno de los dos será señalado como sucesor de Chaves.

Cuestión aparte es el Gobierno de la nación, donde el PSOE andaluz tendrá un peso específico porque también aquí, y mucho, se tienen en cuenta las cuotas territoriales. Si en el PSC dan por hecho que seguirán contando con la cartera de Industria -menos probable es que repita el actual titular, Joan Clos- y con la figura de la hoy ministra de Vivienda, Carme Chacón, el PSOE-A espera que Zapatero no olvide los más de dos millones de votos obtenidos en Andalucía.

La última pincelada la dará el líder socialista andaluz en el mes de julio con la celebración del Congreso en el que el PSOE-A elegirá a su nueva dirección. La posibilidad de que Chaves deje el cargo de secretario general, que ha venido desempeñando desde 1994, está más abierta que nunca. Algunos de los dirigentes consultados apuntan la posibilidad de que su lugar lo ocupe su amigo y actual número dos del partido, Luis Pizarro, aunque ese es otro melón sin calar.

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