Andalucía

El Concurso del Falla baja el telón

  • Los 16 grupos actuantes son de la capital gaditana

  • El coro de Julio Pardo abrirá la sesión a las ocho y media, y la comparsa de Martínez Ares la cerrará sobre las ocho

La chirigota 'Cai de mi arma' (7.20), durante una de sus actuaciones en el Falla. La chirigota 'Cai de mi arma' (7.20), durante una de sus actuaciones en el Falla.

La chirigota 'Cai de mi arma' (7.20), durante una de sus actuaciones en el Falla. / manuel esteves

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El Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz, ese monstruo de varias cabezas que durante un mes absorbe la energía de la ciudad más cantada de Occidente, llega esta noche a su conclusión con una Gran Final que no tendrá ni una sola agrupación llegada desde más allá de las fronteras de la capital, como si el jurado hubiera decidido rebelarse de esta forma ante la globalización que pretende morder el cuello del certamen. Un mes justo después toca entonar el chim pom. Un mes de coplas, polémicas, censuras encubiertas, entomólogos ajenos a esta fiesta -que ni la entienden ni la aman- empeñados en opinar en sesudas tertulias nacionales para analizar hasta la conveniencia de un cuplé a una jovencita o la parodia de la decapitación del huido mandamás catalán, un mes de pasiones, de decepciones, de broncas entre amigos, y hasta hermanos, de miradas asesinas a los críticos y, también -¡milagro!-, algunas carcajadas. La crítica, la risa, el humor sin fronteras en los dominios de Don Carnal, parecen amenazados en pleno siglo XXI. Ahora no es la iglesia ni la dictadura las que quieren poner mordazas a los autores, ahora son los ofendiditos, esos que si se le canta una letra a un africano se enfadan más que el propio aludido, los que pretenden llevar a la hoguera a los autores que se pensaban libres al fin.

El Concurso de este año ha tenido varios focos mediáticos. Por un lado, la hija de Jesulín y Belén Esteban, ofendidita por una letra de una chirigota sevillana. Incluso hubo una requisitoria de su abogado para que la agrupación se retirara del Concurso si no quería tener que enfrentarse a consecuencias legales. La chirigota apagó el incendio con un cubo de gasolina que provocó un incendio tan grande en el Falla que la catapultó hasta las semifinales por primera vez en su historia. Es lo que tienen las guerras inútiles. Tertulianas que se supone inteligentes llegaron a preguntarse por qué no se metían con alguien de su tamaño, con reyes, con presidentes del Gobierno. Es lo que tiene la ignorancia, que es muy atrevida. En Cádiz nadie está a salvo de la burla ni la crítica. Por eso, lo mismo se le canta al Papa que a presidentes del Gobierno, que se meten con los gaditanos. De hecho, a los de Cádiz nos encanta reírnos de nosotros mismos. Eso sí, no te vaya tú a pasá. Que tú no eres de Cadi.

Antes del cuplé a Andrea Janeiro media España se escandalizó porque unos chiclaneros habían simulado decapitar a Puigdemont. ¡Por Dios. Qué salvajes estos gaditanos! También se oyeron críticas de STOP Racismo contra la chirigota de Vera Luque, la gran dominadora del concurso estos últimos años, por su tipo de una tribu de negros, un disfraz tan repetido en el Carnaval gaditano que da hasta pudor enumerarlos. Pero claro, ahora, cualquiera armado con un móvil y una red social, ya sea de Badajoz, Pontevedra, Almería o Tabarnia, se cree capacitado para enjuiciar al Carnaval de Cádiz por conocer la vida y milagro de alguno de sus autores punteros. Es lo que tiene haber vendido el alma al diablo, y que artistas como Alejandro Sanz o Manuel Carrasco canten pasodobles, pongan tuits a diario o que la chirigota de Selu García Cossío cierre el mitin de campaña de Ciudadanos. A un valenciano o a un catalán le puede hacer tanta gracia una chirigota como a nosotros una sardana, o ver cómo se levanta un castellet. Con la diferencia que desde este rinconcito más cercano a África que a Bruselas no estamos pendientes de sus fiestas. Para ellos enteras. Son sus tradiciones, así que si montan a un chiquillo de 10 años encima de 40 tíos como trinquetes hasta una altura de 20 metros no nos ofendemos pensando que igual se cae y se parte la crisma. Allá ellos. Quizás porque en Cádiz pensamos que todos los mandamientos se resumen en uno grande y único: vive y deja vivir... cojones.

Y como de vivir se trata, y como la vida sin risa es una auténtica porquería, más aburrida que un moscatel sin papelillos o una ensaladilla sin picos, en Cádiz esta noche se celebra la Gran Final del Falla que da paso a la verdadera fiesta, al auténtico Carnaval, donde decenas de agrupaciones ilegales dirán en la calle verdaderos bastinazos sabedores de que ahí sí, ahí están en el auténtico reino de la libertad de expresión.

Antes, 16 grupos, todos de Cádiz capital, ya se ha comentado, pugnarán por llevarse los mejores premios. La final se presenta abierta, sin claros favoritos en ninguna de las modalidades. Quizá, en coros, Los chimenea, de Faly Pastrana, parten con cierta ventaja, pero también se las prometían felices el pasado año y el grupo de Luis Rivero se llevó el tomate. Junto a Pastrana, que cumple 20 años de presencias ininterrumpidas en la última sesión del concurso, también se han clasificado para la final Don Taratachín, el coro de Julio Pardo y Antonio Rivas, el más laureado de la historia; Vive, sueña, canta, de Luis Rivero, y Rockola, el conocido como coro de Los Estudiantes.

En chirigotas, este año no habrá presencia sevillana. El Bizcocho, que en estos dos últimos años se había convertido en uno de los favoritos de los aficionados, no pasó siquiera a semifinales. Hay quien cree que su tipo de inmigrantes subsaharianos no les ha ayudado, que ha podido herir sensibilidades. Algunas voces se han alzado desde Sevilla clamando contra el manido chovinismo gaditano. Lo cierto es que No te quemes todavía no es Los Yesterday. Podría haber entrado como podía quedarse fuera. Su autor lo ha tomado con una deportividad que le honra y de la que deberían aprender muchos de sus seguidores. Así las cosas, los cuatro grupos clasificados son No tenemo el congo pa farolillos, de Vera Luque, que defiende primer premio; Cai de mi arma, la sorpresa más grata de este concurso, una auténtica chirigota de Cádiz en la que brillan crítica y humor a partes iguales; Grupo de guasa, de Selu García Cossío; y ¡Qué caló!, de Antonio Pedro Serrano El Canijo. Estos dos últimos autores han dado este año un giro a su estilo y han tenido éxito en el intento.

Por primera vez en muchos años, habrá cuatro cuartetos en la final. El equipo a minúscula, de Morera; Lo mismo nos vemos en Elcano que en clases de piano, el conocido como cuarteto de Gago; El trío, de los hermanos Romero, y por último, Los de la gran puñeta, el célebre cuarteto de Joselito. En principio, Morera y Gago parten como los que más opciones tienen de triunfo.

En comparsas están todos los favoritos. No faltará Los prisioneros, de García Argüez, Aranda y Noly, con la dirección de Ángel Subiela y que con su aire ochentero es una de las grandes favoritas del público. Los mafiosos, de Juan Carlos Aragón, es otra de las que no conviene perderse. Gran favorita igualmente a todo. Tic, tac, tic, tac, de Tino Tovar, que ya ha anunciado que se tomará un descanso, no se sabe si definitivo, del Concurso, ha gustado mucho igualmente. Por último, Antonio Martínez Ares, el autor más mediático posiblemente junto a Aragón y que este año trae una propuesta que al público le ha costado entender, pero con una calidad innegable. El perro andalú será la encargada de cerrar la final sobre las siete de la mañana.

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