"Andalucía ha dejado de ser el furgón de cola de España"

  • Luis García MonteroSu biografía ha corrido paralela a la autonomía andaluza. Se licenció en 1980, ingresó en la Universidad en 1981 y un año después ganó el premio Adonais. Siempre desde el compromiso

LA sentimentalidad no excluye el compromiso. Podría ser uno de los lemas de Luis García Montero (Granada, 1958), uno de los grandes de la poesía española. Luis no esconde su ideología de izquierdas. Ahora anda de aquí para allá junto a Gaspar Llamazares presentado un nuevo partido, Izquierda Abierta, que funcionará integrado en Izquierda Unida.

-¿Qué pesa más la frustración o los logros en el balance de los treinta años de autonomía?

-Sería una irresponsabilidad olvidarnos de lo conseguido. El norte de España y de Europa sigue estando más desarrollado económicamente, pero Andalucía ha dejado de ser un furgón de cola. Ahora pertenecemos al mismo mundo, no somos una curiosidad subdesarrollada y pintoresca. Los andaluces empezamos a saber que cuando se habla de esta tierra es importante llamar la atención sobre la calidad de la investigación sanitaria, biológica, farmacéutica, y sobre el gran avance en los servicios públicos.

-¿Qué fue de aquel sentimiento identitario andaluz de los inicios? ¿Ha tenido alguna consecuencia práctica? ¿Tiene sentido ahora?

-El sentimiento andalucista en los inicios de la democracia tuvo sentido porque, después del nacionalismo franquista, había que buscar una nueva organización territorial. Desde el Sur, resultaba una preocupación sensata buscar el equilibrio. No podíamos dejar que los llamados derechos históricos de unas comunidades se convirtieran en desigualdad o discriminación para otras. El pasado no podía comportar discriminaciones en la realidad de una Transición democrática. El esfuerzo andaluz, el espíritu del 28 de febrero, sirvió para reivindicar los derechos de Andalucía, pero sobre todo para equilibrar la organización territorial de toda España y llevarla hacia la solidaridad.

-¿El Estado de las Autonomías tiene futuro al borde de la bancarrota?

-Creo que sí. La descentralización es parte de la democracia. De las comunidades autónomas dependen los servicios más importantes, la sanidad, la educación, las políticas de integración… Que la gestión de todos estos servicios esté cerca de los ciudadanos me parece fundamental. Los que intentan presentar a las comunidades autónomas como un ámbito de derroche son los mismos que se muestran poco partidarios de las inversiones públicas, de la sanidad y la educación pública. Está claro que hay que buscar una gestión eficaz, transparente, que sepa utilizar bien y con austeridad los medios. Pero la oscuridad y el derroche suelen moverse de forma más cómoda en los grandes aparatos centralizados.

-Usted es uno de los pocos creadores que se mantiene fiel al compromiso político. ¿Desinterés o desbandada, qué ha habido?

-Un poco de todo. Hubo modas que pasaron, hubo abusos de gente que intentó justificar con sus ideas políticas su mala calidad artística, pero también hubo una transformación social, casi un cambio antropológico, importante en el país. Se pasó del subdesarrollo al consumo, y en los códigos de este consumismo entró la idea de identificar la política con lo trasnochado y la modernidad con el pensamiento débil y la levedad en las responsabilidades. En cualquier caso, conozco gente de todas las edades y en todas las disciplinas con un alto grado de compromiso cívico y político. Otra cosa es que no encuentren eco en los medios.

-En un mundo global, ¿significa algo ser poeta o creador andaluz?

-Bueno, entiendo la identidad no como una esencia, sino como parte de mi experiencia histórica. Dos de las personas que me han educado como poeta, Jaime Gil de Biedma y Ángel González, nacieron en Barcelona y Oviedo. Yo nunca me he fijado como meta ser un poeta andaluz. Los debates de hoy son amplios y generalizados, pero conviene entrar en ellos con los pies en la tierra. Es el diálogo del yo y el nosotros. A mí, por ejemplo, no se me olvida que la vocación de mundo se la debo a autores como el García Lorca de Poeta en Nueva York o como Juan Ramón Jiménez, que defendió un andalucismo universal.

-Con las fuerzas económicas invisibles marcando el paso a los gobiernos, ¿aún vale la pena votar?

-Una de las primeras tareas es convencer a la gente de que tiene mucho más poder del que parece. La movilización y el voto tienen mucho valor. Cuando los de abajo se mueven, los de arriba se caen. La reivindicación de la política y de la democracia es fundamental en este momento de descrédito. No podemos dejarles las manos libres a las entidades financieras. Han sustituido la economía productiva por la economía especulativa. Su globalización es incompatible con el bienestar de las personas y con la democracia.

-¿Qué nos jugamos los andaluces el 25-M?

-Pues mucho, tanto por Andalucía como por el panorama general. Tengo la sensación de que corremos el peligro de volver a una situación anterior a la del 28 de febrero. El mapa puede ser una España en manos de la derecha centralista con dos islas de derecha nacionalista en Cataluña y el País Vasco dispuestas a defender sus privilegios. Los desequilibrios hacia el norte volverían a acentuarse y eso no deberíamos permitirlo los andaluces. Los desequilibrios volverían a acentuarse en España. Además, como ciudadanos debemos responder. El paro no se debe al mal Gobierno de Zapatero o al gobierno encabezado ahora por Rajoy. Se trata del carácter injusto de las políticas neoliberales. No caer en falsas promesas electoralistas y plantear una rebeldía política me parece imprescindible.

-¿Izquierda Abierta es una etiqueta sin partidos?

-Llamazares lleva tiempo defendiendo la necesidad de conformar un frente amplio, de apostar más por las cosas que unen a la izquierda. Dentro de IU hemos decidido organizarnos en partido los que deseamos esta apertura, un diálogo con los movimientos sociales. A corto plazo, estamos convencidos de que es necesario superar la inercia que lleva a continuos enfrentamientos internos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios