Amnistía Internacional denuncia maltratos en centros de menores

  • La ONG avisa de que los niños internados por trastornos de conducta "pueden ser víctimas de abusos, aislamiento o medicación forzada".

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Amnistía Internacional (AI) denunció ayer que los niños ingresados en centros terapéuticos -denominación que utilizaron para los centros de menores con trastornos de conducta- pueden "ser víctimas de abusos sexuales, malos tratos, tratamiento cruel y degradante, ser encerrados en celdas de aislamiento, atados, amordazados, medicados sin diligencia y en contra de su voluntad" y todo, con "total impunidad", porque su existencia y su realidad son "invisibles".

El informe-denuncia de la ONG, de 104 páginas, fue presentado en simultáneo en Madrid y en las comunidades que peor paradas salen, Cataluña y Andalucía, que concentran el 55% de este tipo de centros.

La denuncia pública de Amnistía se fundamenta en los testimonios aportados en unas 170 entrevistas con trabajadores y menores (59). "En el centro pasé días atada a una silla, con mordaza; sin ella se me caía la baba. Tenía el cuello doblado y la cabeza caída. También estuve en la celda de aislamiento atada a la cama donde además me pinchaban y pasaba al menos tres días con los ojos vueltos", asegura Sara Casas sobre su estancia en el centro de protección terapéutico Dulce Nombre de María en Málaga. La joven tiene ahora 25 años.

El título de la investigación es revelador, Si vuelvo, ¡me mato! Menores en centros de protección terapéuticos y la frase se atribuye a un extracto de la carta de un menor de 15 años a su madre, "amenazando con ideas de suicidio si le volvían a ingresar en el centro en el que había sido sometido a incomunicación, registros corporales íntimos y otras humillaciones durante meses en Cádiz".

La ONG aseguró haber documentado que los castigos más frecuentes serían el amordazar a los niños en una silla a la intemperie, privarles de alimento hasta tres días, encerrarles en celdas de aislamiento una semana o dos, prohibir las visitas familiares u obligarles a permanecer 24 horas de pie. Añaden contenciones físicas (sujecciones), mecánicas (ataduras) y farmacológicas (con medicamentos) con objetivo de castigar al menor.

De las visitas a centros, una "parcial" fue en Córdoba. Según explicaron en rueda de prensa el portavoz de Amnistía Internacional en Andalucía, Raúl Villalba, y el responsable del Equipo de Menores de la organización, Carlos Sanguino, los menores que ingresan en estos centros, bien derivados de otros dispositivos del Servicio de Protección de Menores o a solicitud de los padres, "están totalmente indefensos ante los abusos que con ellos se cometen". Ni las administraciones ofrecen datos fidedignos del número de centros de este tipo que existen, anotaron. Fuentes de la Junta de Andalucía consultadas por este periódico cifraron en 17 los centros de trastorno de conducta de los 268 centros de protección en la comunidad.

Entre los casos andaluces, los miembros de la ONG expusieron entre otros que, en Cádiz, un menor "nada más llegar, estuvo quince días internado en una celda de aislamiento que en las instalaciones denominan aula de observación independiente, privado de contacto con otros menores", a lo que se sumó la situación en otro centro de Córdoba, con un espacio de aislamiento negado por el director.

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